1-Oscuridad-en-la-literatura

La oscuridad temprana

Es otoño, y la bola de fuego que hace posible la vida en nuestro planeta se ha embarcado en su lucha de cada día contra las pertinaces nubes que, tozudas, tratan de impedir que podamos recibir su regalo de luz y de calor. Absorto contemplo al coloso rasgando esa cortina gris oscuro, y me congratulo cuando noto que me acaricia el rostro un rayo amigo del que, sin embargo, había que cuidarse tan solo un par de semanas atrás cuando el verano daba aún sus últimos y rabiosos coletazos. Es la maravilla de la rotación estacional que otras latitudes, que no gustan de los cambios bruscos y viven instalados en la cómoda uniformidad térmica, ignoran. Me pregunto si todo esto incide en el carácter de las gentes, si la sangre fluirá de diferente manera; no es lo mismo tener que adaptar el cuerpo y la mente a calurosos veranos e inviernos fríos en un corto espacio de tiempo, que permanecer siempre bajo el influjo de una temperatura constante, de una intensidad de luz que apenas cambia.

La luz, ese elemento fundamental para las alegrías del alma. Siempre que nuestra existencia se tambalea se nos viene a la cabeza una imagen falta de luz, plana; una imagen de tibieza oscura que lleva tiempo esperando su momento y que se presentará ante nosotros en esos momentos en que, indecisos, titubeamos tanteando el terreno con la punta del pie temerosos de pisar un terreno hostil, ajeno, de arenas movedizas que nos pueden engullir sin miramiento alguno.

Como digo ha llegado el otoño, y con él lechos verdes de recién nacida yerba surcados por alfombras que amarillean aquí y allá, y que cambian de color: las hojas muertas que una vez caídas han cobrado vida nueva y nos asombran con su frescura. Caminando sobre ellas manan nuestros pensamientos, toman forma y se nos escapan caracoleando hacia el plomizo cielo. Y nosotros nos quedamos mirando hacia arriba como hechizados, ya no hay azul y, como cada año, nos preguntamos si es que se adelantó el otoño. Pero no, acudió puntual a su cita y una vez más nos pilló desprevenidos, el otoño, su color, su penumbra incierta. Se fueron las hojas, migraron las aves, pero unas y otras volverán; retornarán los colores de antes solo para volver a mutar, otra vez nos embelesarán los familiares trinos, de nuevo nos deslumbrará la luz y habremos de aprehenderla antes de que, desprevenidos una vez más, nos sorprenda la oscuridad, esa oscuridad temprana que llega sin anunciarse y que tanto nos cuesta asimilar.

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