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Agosto

Escucho un programa de radio en el que el presentador dice: “buenas tardes, estamos emitiendo en agosto…, agosto, ese agujero negro, ese espacio vacío”. Es un programa de música, el presentador es bueno, la música también, y yo me dejo llevar por el rockabilly de los 50 mientras pienso en ese mes que tanta expectativa suscita, al menos aquí en el hemisferio norte, donde tanta gente anhela su llegada para exprimirlo, para aprovechar su calor o para combatirlo; mes de vacaciones para unos, de disfrutar de la ciudad en soledad para otros, que de todo hay.

Cabe preguntarse en qué destaca agosto del resto de meses del calendario, qué lo hace diferente, pero no es fácil encontrar una respuesta; llega, eso sí, después de la primavera donde tanta esperanza nace, y tanta flor, y tanta vida. Llega después de julio que parece que se fue volando sin avisarnos de que lo hacía, llega para morir merodeando inquieto por los caminos de la noche; hablamos del sexto mes, aquel que los romanos denominaron augustus para homenajear al emperador Octavio. Augustus significa ‘sagrado’, pero de esta palabra también deriva el término ‘agostar’ que indica que las plantas se han de secar debido al calor excesivo. Y se viste con un aura inmortal cuando García Lorca habla de él: “el sol dentro de la tarde como el hueso en una fruta…agosto…los niños comen pan moreno y rica luna”.

A veces en su transcurso nace el amor, ese amor efímero de verano, cálido, apasionado, intenso, vacío de promesas, voluble, que nos envuelve y nos ciega para que no veamos su realidad finita, como si nos tapara los ojos con un tupido velo celoso de que reparemos en otras veleidades. Y así, extasiados ante este espejismo, discurrirán los días sin que seamos conscientes de su paso, y comprobaremos que ese amor que nació con él se ha marchitado ahora que se aleja y solo nos queda el recuerdo envuelto en frescura…como el hueso en la fruta. Y se va ese mes de augusto nombre sin desvelar apenas su mensaje, a su ambigüedad aferrándose con fuerza, con su olor a mar o a tierra seca, se va…, nunca prometió quedarse pero esperaremos pacientes, que sabemos que ha de volver, en otro tiempo, en otra vida, con su sol errante y su amor de ensueño…, agosto… los niños comen pan moreno y rica luna.

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